La Parafina

La parafina es un conjunto de hidrocarburos derivados principalmente del petróleo y en menor medida del carbón. En las refinerías, estos hidrocarburos se destilan a altas temperaturas obteniendo aceites pesados. Tras su enfriamiento a 0ºC se cristaliza la parafina, separada mediante filtración o centrifugación. Después el producto se purifica y la parafina resultante se envía a los laboratorios para su uso posterior en cosmética o en otros sectores como podrían ser la fabricación de velas o para la industria alimentaria.

La industria cosmética utiliza cada vez más la parafina para su uso tradicional como hidratante de pies y manos, o como ingrediente activo en cremas, tratamiento reductor, reafirmante o en aplicaciones fisioterapeúticas.

La propiedad más valorada es su poder hidratante . Con su aplicación, la humedad no se evapora de la piel sino que se mantiene en sus capas internas, ayudando a hidratarla, alimentarla y, como consecuencia, rejuvenecerla.

Al aplicar la parafina sobre la piel se forma una película que retiene la pérdida de la hidratación, manteniendo la temperatura de la piel. Se comporta como un aislante térmico que induce a la pérdida de líquidos y a la eliminación de toxinas.

Se puede utilizar en manos, muñecas, codos, hombros, pies, tobillos, rodillas o  muslos e incluso como mascarilla facial, aunque es importante que el tratamiento con parafina en el rostro, lo aplique un profesional.

Para aplicar la parafina, la zona a tratar debe estar muy limpia y desinfectada, y es recomendable aplicar una crema humectante.

Aplicada la parafina, se cubre la zona con una sustancia aislante, papel preparado o plástico, además de toallas para mantener la calor. Es importante que la persona  no se mueva para evitar que la parafina pueda romperse.

Pasados unos 15 minutos, se retiran los envoltorios y la parafina con mucho cuidado.

En tratamientos reductores, se aplica parafina líquida sobre la zona a tratar a una temperatura cálida y se acompaña la aplicación con un masaje para activar la circulación. Después se aplican mantas térmicas para estimular la transpiración y la eliminación de toxinas. a continuación, se retira la parafina y se aplica frío para provocar una vasoconstricción y se termina el tratamiento con la aplicación de una crema reductora.

En los tratamientos faciales, realizados siempre por un profesional, se aplica la parafina con un pincel sobre la grasa que facilitará su posterior retirada. Se aplican tantas capas sean necesarias para conseguir la consistencia adecuada, y pasados unos 20 minutos, la cubierta dura resultante se separa del rostro.

Después de un tratamiento con parafina la piel parece más suave, más tersa y luce mejor aspecto.

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